Elabora un inventario vivo de redes, dispositivos, sistemas de gestión del aprendizaje y flujos de datos. Registra velocidades pico y sostenidas, latencias por edificio, antigüedad de equipos y contratos vigentes. Contrasta con necesidades pedagógicas reales, como proyectos multimodales, accesibilidad y laboratorios creativos. En un barrio periférico, medir aulas saturadas a segunda hora permitió reorganizar puntos de acceso y priorizar aulas con mayor densidad, antes de ampliar compras costosas.
Convoca sesiones abiertas, con traducción y ejemplos concretos, para entender miedos y expectativas. Pregunta qué tareas consumen tiempo y dónde la IA podría apoyar de forma ética. Recoge testimonios de estudiantes sobre acceso desigual a dispositivos y conectividad en casa. En una secundaria urbana, un café pedagógico reveló altos costos emocionales por correcciones manuales; diseñar asistentes de retroalimentación controlados liberó horas sin sacrificar criterios ni autonomía profesional.
Define metas trimestrales con resultados observables, no solo compras. Por ejemplo, “reducir en 25% el tiempo de calificación en Lengua” o “aumentar 30% la disponibilidad de red en laboratorios creativos en horas pico”. Documenta responsables, riesgos, dependencias y umbrales de éxito para decidir si continuar, pausar o rediseñar. Comunica avances con paneles transparentes, celebrando logros rápidos que construyen credibilidad y evitan la fatiga del cambio.
All Rights Reserved.